AD MAIOREM DEI GLORIAM

martes, 25 de noviembre de 2014

Fin de una estación

He aquí otra vez estaba nuevamente sola. 
Sola como hace 1 año, sin ideales, con el corazón nuevamente roto, pero esta vez no era el suyo. Era de alguien más que se había ilusionado con la vaga idea de que podía amarla.

Le había descuartizado el corazón, como quien lo hace a un animal, no lo había roto de una tirada, lo había roto cada vez más y más.

Terriblemente. Sin dar la ultima estocada, hasta que lo hizo sin vacilar, sin medir consecuencias de dolor.
Pero,

¿Què es el dolor sino una prolongación de gritos desesperados que una boca que no puede besar la deseada?


La boca que miraba, la boca que latía y tiritaba, ya no de emoción, sino de lo que sabía que venía, la estocada final, el puñal asesino, vagabundo y decidido a dar el tiro de gracia final que terminaría con la mágica ilusión de que ella se permitiría dejar amar.

Arbol de almendras